Ricardo Vila

Amor, Odio e Ignorancia. Las Pasiones del Ser.

En el psicoanálisis que surge de la enseñanza de Jacques Lacan, las pasiones no son estados afectivos, «sentimientos» en el sentido de la psicología tradicional. Las pasiones se sitúan en la intersección entre el sujeto y el Otro, esto se vincula estrechamente a la estructura del lenguaje y a la búsqueda del objeto perdido.

Lacan identifica tres pasiones fundamentales que se desprenden de la relación del sujeto con el saber y con su propio deseo: el amor, el odio y la ignorancia.

El amor no es la unión de dos mitades, sino la relación con la falta. La famosa máxima lacaniana lo resume así: «Amar es dar lo que no se tiene a quien no lo es». El sujeto amante se dirige al otro no por lo que el otro posee, sino por lo que a ese otro le falta. A la vez que posicionado como alguien carente, el sujeto intenta alcanzar el objeto de su deseo en el otro. El amor tiene una función narcisista corazón de lo imaginario que es el amor a la propia imagen que se ve reflejada en el otro, pero también una función simbólica que es aquello que permite al sujeto hacer un lazo con el Otro en un mundo donde, estructuralmente, no hay una relación natural o instintiva que nos una.

El odio no es lo opuesto al amor. en el registro de lo Real, ambos están íntimamente ligados, lo que Lacan llamó odioamoramiento. El odio es una pasión dirigida al ser del otro. No se odia lo que el otro tiene, sino aquello que es su goce; aquello que en el otro nos resulta extraño, inasimilable y que pone en duda nuestra propia consistencia.

Mientras que el amor busca la unidad, aunque sea una ilusión, el odio busca la separación radical, intentando eliminar ese resto de alteridad que nos perturba.

La ignorancia, quizás la más activa de todas las pasiones. No es la falta de conocimiento, sino un horror al saber.  Aunque resulte paradójico el sujeto lucha activamente para no saber nada de su propio deseo que implica reconocer su castración y la verdad de su inconsciente. Es la pasión que sostiene la resistencia en el análisis, ya que preferimos mantener nuestras ilusiones neuróticas antes que enfrentarnos a la verdad que nos desgarra.

Estas tres pasiones tejen la trama de la experiencia humana. Lejos de ser impulsos biológicos, son las coordenadas mediante las cuales el sujeto intenta lidiar con el vacío existencial y la complejidad de habitar un mundo mediado por la palabra.

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