Homero Arnold

¿De qué cura el psicoanálisis Lacaniano?

Si el psicoanálisis sobrevive en una época de soluciones rápidas, pastillas mágicas y recetas de felicidad, no es por terquedad. Sobrevive porque se ocupa de un dolor que la medicina y la psicología tradicional suelen ignorar: el sufrimiento de estar divididos. Ese sentimiento de querer una cosa y terminar haciendo otra, de ser extraños para nosotros mismos.
La trampa de la «curación»
La pregunta «¿de qué cura?» puede ser engañosa. Si buscamos una cura como quien busca quitarse una gripe, el psicoanálisis parece no funcionar. El médico quiere eliminar el síntoma; el analista, en cambio, lo invita a hablar.
Para este enfoque, el síntoma (ese nudo en la garganta, ese miedo que nos frena, esa mala elección que repetimos) no es un error de funcionamiento. Es, en realidad, una solución —dolorosa y rebuscada— que encontramos para protegernos de algo todavía más insoportable. Quitar el síntoma «por la fuerza» es como quitarle el escudo a un guerrero en plena batalla: lo dejamos desarmado frente a su angustia.
Curarse del «deber ser» y de las explicaciones
El psicoanálisis nos cura, antes que nada, de la fantasía de ser perfectos. Nos alivia de la carga de creer que deberíamos ser personas completas, sin fisuras y dueñas absolutas de nuestro destino.
También nos cura de la necesidad de complacer siempre a los demás (a la pareja, a los padres, a la sociedad). El «neurótico» sufre porque intenta ser lo que el mundo espera de él, sacrificando sus propios deseos en el altar de la aprobación ajena.
Curiosamente, el análisis también nos cura del exceso de explicaciones. Muchas veces pasamos años tratando de entender «por qué» sufrimos, buscando causas en el pasado. Pero entender no siempre sana. La verdadera cura llega cuando el síntoma deja de tener sentido, cuando simplemente pierde la necesidad de repetirse una y otra vez.
El horizonte: saber vivir con lo que falta
Entonces, ¿cuál es el final de un análisis? No es alcanzar una felicidad de postal, ni una paz interior inquebrantable, ni volverse «normal». El final tiene que ver con dos movimientos:

  1. Dejar de buscar respuestas afuera: El paciente deja de esperar que alguien (un gurú, un experto o su pareja) tenga la verdad definitiva sobre quién es él.
  2. Aprender a hacer algo nuevo con el dolor: El sujeto se encuentra con ese núcleo de su personalidad que no puede cambiar. La cura consiste en dejar de ser una víctima de ese «fallo» para convertirse en un artífice. Es aprender a construir una vida que incluya ese resto de dolor, pero sin que este nos devore.
    En definitiva, el psicoanálisis cura de la ignorancia sobre lo que realmente deseamos. Es una apuesta a la responsabilidad: que uno, después de conocer su propia historia, pueda decir «sí» a su deseo único, con todas sus consecuencias. No es una cura para ser normales, es una cura para ser auténticamente nosotros mismos.

Comentarios desactivados en ¿De qué cura el psicoanálisis Lacaniano?