Ricardo Vila

El fin de un análisis. Un punto de partida

Desde la perspectiva del psicoanálisis lacaniano, el fin del análisis no se define por un criterio cronológico o por la simple desaparición de los síntomas, se define por un acto subjetivo fundamental: el atravesamiento del fantasma y la asunción de la castración simbólica.

Para Jacques Lacan, el análisis no busca la adaptación del sujeto a la realidad, tampoco busca la curación en un sentido médico, que implicaría la desaparición de los síntomas, el análisis busca la modificación de la posición del sujeto respecto al deseo y al goce.

El punto de culminación del análisis es lo que Lacan conceptualizó como el «acto analítico», un momento en que el analizante logra reconocer la verdad de su deseo. Este reconocimiento implica confrontarse con la falta estructural que constituye al sujeto, aceptando que no hay completud posible y que el Otro, el lugar del saber y la ley, también está castrado.

En el punto de culminación del análisis, el analizante deja de esperar que el Otro le proporcione la respuesta que colmaría su falta y asume la responsabilidad en su deseo.

El  «fantasma», funciona como un guion inconsciente para evitar el encuentro con lo real de la castración, atravesarlo implica que el sujeto pueda identificar la escena fundamental que lo sostiene y reconocer en ella la función defensiva.

Este proceso analítico se materializa como la «travesía del fantasma». Esto es que el sujeto deja de estar determinado por la fórmula fantasmática que estructuraba su goce repetitivo y al hacerlo produce una reconfiguración subjetiva que permite una nueva relación con el goce y el deseo.

El analista ocupa en este proceso la función de objeto  «a» (el objeto causa del deseo), pero su papel es precisamente el de caerse de esta posición al final del análisis.

La salida del análisis marca el momento en que el analizante ya no necesita al analista como soporte de su estructura subjetiva. Es el momento en que el sujeto puede decir «eso no me concierne» frente a las demandas del Otro y asumir su propia singularidad.

El fin de un análisis lacaniano no es una llegada a un estado de bienestar definitivo, es una llegada a un  punto de partida que es una nueva forma de estar en el mundo, donde el sujeto puede asumir su deseo con más libertad y responsabilidad, aceptando la división fundamental que lo constituye como sujeto hablante.

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